Salud

¿Eres intolerante a ruidos cotidianos, como masticar y beber? te decimos una posible causa

Sentir irritabilidad o sensación de pánico por sonidos cotidianos como el goteo del grifo, el sonido de alguien masticando o una pluma cliqueando, pueden ser síntomas de la misofonia.

Las personas que sufren este padecimiento pueden llegar a reaccionar de forma irracional y hasta violenta al presentarse sonidos específicos. Esto no debe confundirse con el hiperacusia, que es percibir sonidos de forma anormalmente alta.

De la misma forma, ambos padecimientos forman parte de trastornos relacionados con una disminución de tolerancia al sonido.

La misofonia hace a la persona intolerante hacia sonidos repetitivos o patrones, y sus causas siguen siendo prácticamente un misterio. Esto suele manifestarse al finalizar la infancia, sin embargo, pueden aparecer a cualquier edad. Suele desencadenarse con un sonido específico, y posteriormente se van sumando más sonidos.

Aunque tu sientas molestia a un sonido específico, este padecimiento sólo puede ser determinado por un médico, sin embargo, sí es importante determinar su estado ya que algunos pueden reaccionar de una forma extrema o exagerada, y es importante que acuda a terapia.

POCO SE SABE SOBRE ESTE PADECIMIENTO

A pesar de que la misofonía fue identificada como enfermedad en el año 2000, las investigaciones sobre sus causas y efectos han sido bastante limitadas y a aquellos que la sufren, en ocasiones, no se les toma demasiado en serio, aduciendo de que son personas muy susceptibles.

No obstante, es una condición que afecta a más gente de la que pensamos. Un estudio de 2014 sugería que podría afectar, en diferentes grados, a un 20 por ciento de la población, mientras que una investigación de 2015 argumentaba que estaba asociado con el trastorno obsesivo compulsivo y la ansiedad, y que podría considerarse un trastorno por derecho propio.

Muchas personas desconocen esta condición o sus alcances, en facebook puedes encontrar grupos de personas que dicen tener este padecimiento, donde comparten como es su vida diaria con Misofonia, algunos tienen niveles muy altos, al grado de no poder convivir con más personas, lo que los orilla a aislarse de la sociedad y a alejarse de sus familias.

Sonidos de “activación”

Según nos cuenta Science Alert, una reciente investigación de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) demuestra que cambios en el lóbulo frontal del cerebro podrían explicar la respuesta emocional desencadenada por sonidos en aquellos con misofonía. En su experimento, se expuso a un grupo de 42 voluntarios, 20 de ellos con misofonía, a escuchar sonidos neutros y repetitivos, como una tetera hirviendo; sonidos molestos, como el llanto de un bebé; y sonidos de “activación”, como ruidos respiratorios o masticación fuerte.

Se produce en algunos de nosotros cuando escuchamos ciertos ruidos repetitivos, aunque sean de escaso volumen, que producen otros humanos

Mientras que no había apenas variación ante ruidos neutros o molestos, cuando se trataba de sonidos de “activación”, los aquejados con misofonía experimentaron un aumento significativo de la frecuencia cardíaca y la conductividad de la piel. Las exploraciones cerebrales también revelaron una marcada diferencia en la neurología de los sujetos. En aquellos con misofonía, se detectó un aumento de la actividad en varias regiones del cerebro, como el lóbulo frontal, la corteza insular anterior, la corteza prefrontal ventromedial, el hipocampo y la amígdala cerebral. Las mediciones tomadas indicaron que tenían vainas de mielina aislantes más gruesas, lo que ayuda a los nervios a llevar mensajes.

La evidencia sugiere que aquellos con misofonía tienen cerebros que luchan por controlar la propagación de mensajes asociados con ciertos sonidos, y convierten la percepción de un sonido molesto en una experiencia enfurecedora, ya que se propaga a través de diferentes partes del cerebro asociadas con respuestas de “lucha o huida”. No obstante, este descubrimiento no viene con una cura sencilla, aunque puede hacer que las personas sin misofonía empaticen mejor con los que la sufren y traten de reducir ciertos ruidos molestos.