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Gran Bahama sufre un derrame petrolero, estrago del huracán Dorian

El aire huele a combustible, los pastos están anegados de una pasta negra y los pobladores del este de la isla de Gran Bahama tienen miedo. El huracán Dorian se fue con un macabro golpe final: un derrame petrolero de la noruega Equinor.

Entre los escombros de lo que fueron sus casas, una decena de residentes del pequeño pueblo de High Rock consiguieron montar una tienda de campaña donde acogen y reparten las -pocas- donaciones que reciben.

Con ellas van sobreviviendo. Pero al cataclismo que padecen se suma otra preocupación: no pueden confiar en el aire que respiran y los filtros de agua que les regalan son agradecidos, pero no les sirven.

“El petróleo se está filtrando al agua y no nos podemos bañar, no podemos tomar agua. La única agua con la que podemos bañarnos es la que nos traen ustedes”, dice Roberts a la AFP.

A seis kilómetros de allí, la tierra está saturada de una pasta negra y viscosa.

A su lado, una mujer llevaba una mascarilla puesta. El olor en High Rock es perceptible y dificulta la respiración a medida que uno se aproxima al lugar del derrame.

Allí, varios de los enormes tanques de petróleo están teñidos de negro por el crudo que rebosó de ellos y se extendió por un área que aún se desconoce.

Tampoco se ha confirmado si el derrame alcanzó el mar, en cuya costa se asientan las instalaciones.

Agencias